GRAN PREMIO DE CARRILANAS DE ESTEIRO

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Mucho antes de que Fernando Alonso nos contagiara con la enfermedad de la velocidad a cuatro ruedas, los vecinos de la parroquia de Esteiro, en el municipio coruñés de Muros, organizaban ya su “Gran Prix” de carrilanas. La que fuera una de las principales diversiones de los niños de la posguerra, las bajadas vertiginosas sobre una plataforma de madera montada sobre cuatro cajas de bolas, adquiere en esta localidad la categoría de deporte artesanal (que hay quien cataloga entre los denominados “deportes de inercia”).
El tercer fin de semana de julio, “escuderías” de Galicia y del resto de España, y, desde hace poco, también de Portugal, muestran en Esteiro sus ingenios, en los que la velocidad no es lo único que importa, sino también la imaginación, los acabados y las innovaciones mecánicas. De hecho, la carrera que se celebró durante años dio paso en la últimas ediciones a una exposición por el circuito de O Maio, a velocidad controlada y guardando una distancia de seguridad. La fiesta, que tiene ya más de veinte años de historia, ganó al espíritu de competición, y para la concesión de los premios se tiene incluso en cuenta el disfraz con el que conducen los pilotos.

Destacado:


Las carrilanas del jubilado Ramiro García, conocido en Muros como Xerente.

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