Fue la primera, floreció cien años antes, la ciudad de Santiago de Compostela surge de la fuerza de un mito, un santo gallego que conquista la Europa Medieval.

Monumental, cabeza del reino, su situación y el peso de la historia hicieron de ella la capital de Galicia.

Puerto de Roma en la ruta de Britania, roca atlántica, casi isla, A Coruña navega desde siempre con el impulso económico del mar.

Ciudad administrativa, de comerciantes y emprendedores, aquí surge el Fast-fashion-system que rige hoy el mercado mundial de la moda.
 

Despierta de la Edad Media en el siglo XVIII, en la villa marinera de Ferrol los ilustrados trazan nuevas calles con la fuerza de la razón.

El Arsenal Real hace brotar una ciudad industrial en la ría más protegida.

Todos los caminos llevan a Lugo, al bosque sagrado en el que Augusto situó la capital romana de los galaicos.

La muralla imperial todavía ciñe las calles que centran la actividad de sus orgullosos horizontes agrarios.

Las ninfas guardan el santuario termal. La vía romana sortea el Miño por el puente de piedra.

En la encrucijada surge la vida. Episcopal y burguesa en el medievo, capital provincial en el siglo XIX, hoy Ourense es la ciudad que marca la moda gallega y la industria agroalimentaria.

El antiguo puente romano le da su nombre. Parten las naves con rumbo a los puertos de Europa, en la desembocadura del Lérez, mareantes y mercaderes construyen la Pontevedra medieval.

Administrativa, comercial, la ciudad supo cultivar el prodigio y la piedra todavía florece a la sombra de las camelias.

Todos los peces saben su nombre. En los siete mares pescan marineros embarcados en Vigo, la capital europea de la pesca.

La iniciativa industrial hizo de esta aldea galaico-romana la metrópoli industrial del sur del país.

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