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Plantilla: miradoiros

MAR INIFINITO

De Baiona a Santa Trega...
la costa sur
Néboa na Groba,
nordeste afora.
Dicho popular

El recorrido por la costa sur de Galicia, permite transitar por un tramo litoral único, sin las habituales rías, ensenadas y recortes. La carretera que une Baiona y A Guarda es uno de los itinerarios paisajísticos más hermosos de la costa gallega: una larga línea recta a la orilla del mar que desciende de norte a sur en compañía de la sorprendente sierra de A Groba.

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Baiona y la fortaleza de Monterreal

Baiona es la salida del recorrido. Pueblo marinero y turístico, su buen clima y la protección en su pequeña ensenada permitieron el establecimiento de la población desde antiguo. Con un cuidado frente litoral, su casco histórico fue declarado Conjunto Histórico-Artístico en el año 1993.

La fortaleza de Monterreal es el referente patrimonial de la villa. Su localización en el monte Boi, una pequeña península al lado del puerto, define el litoral baionés. Su posición estratégica fue relevante históricamente, siendo recinto amurallado desde el siglo II a.C. Los Reyes Católicos otorgaron Carta de Poblamiento al recinto, comenzando un período de esplendor comercial que poco a poco fue perdiendo importancia hasta ser deshabitada en el siglo XIX.

El conjunto de Monterreal cuenta con diversos vestigios y edificaciones, destacando las puertas de acceso a la  fortificación y las torres (Porta do Sol, Príncipe, Tenaza y Reloxo) y el antiguo Pazo de Elduayen del siglo XIX fue ampliamente modificado en los años sesenta para albergar el actual Parador de Turismo.

De Baiona a cabo Silleiro

Saliendo de Baiona la primera parada es el cabo Silleiro, lugar en el que el litoral cambia definitivamente a una disposición norte-sur. En este punto destaca la densidad de elementos de interés: baterías militares, miradores y faros.

El faro viejo de Silleiro (1866), próximo al mar y de escasa altitud, fue sustituido por el llamado faro nuevo de Silleiro, torre  octogonal a franjas blancas y rojas que data de 1924. El entorno del cabo es espectacular: mar abierto, vistas a las islas Cíes y un continuo peñasco que parece emerger desde el mar hasta la cima de los montes.

De cabo Silleiro a Oia
Groba

Desde Silleiro comienza la larga recta de la costa sur. Con el mar siempre a nuestra derecha, la sierra de A Groba va surgiendo con fuerza de nuestro lado izquierdo hasta conseguir los 654 metros en el Alto da Groba. El recorrido es un mirador continuo hacia el azul infinito del mar y el verde de la montaña. Por momentos no se sabe dónde finaliza la tierra y comienza ese mar que, en los días de viento llega a mojar la carretera.

Entre Mougás y Oia la sierra le da un respiro al mar, dejando un espacio respecto a la costa que es utilizado para el cultivo en pequeñas e irregulares parcelas delimitadas con piedras y aprovechadas en pendiente mediante alguna terraza.

Oia

Oia es un rincón de la costa. Núcleo pequeño adaptado al frente litoral, tiene calles estrechas y un muelle pegado a su  majestuoso monasterio. El sol da de frente en las últimas horas de la tarde y la fachada de Santa María resplandece.

De Oia a A Guarda

A Guarda es el extremo sudoeste de Galicia. Pueblo de colores y mar, las casas del puerto mantienen la estructura marinera pero ganaron en altura con los años. El espíritu pervive y se conserva la memoria. Un paseo marítimo y un gran espigón, que queda pequeño cuando el Atlántico ruge. La espuma se amontona contra el muro del puerto y sale volando. El mar por los aires de A Guarda.

Monte y castro de Santa Trega
Tegra

Santa Trega es un monte mítico.

Vigilando la localidad de A Guarda desde más de 340 metros de altitud, se levanta súbito y aislado en el vértice que generan el océano Atlántico y el río Miño, en su desembocadura. Punto estratégico ocupado desde antiguo, los diversos vestigios muestran la antigua relevancia del lugar: desde los petroglifos, hasta la ermita de Santa Trega que le da nombre pasando por el castro, uno de los más visitados de Galicia.

La Citania de Santa Trega es un gran yacimiento arqueológico de la cultura castrexa, que alcanza su mayor apogeo en el siglo I a.C. Las numerosas edificaciones muestran la magnitud que el poblado alcanzó, por su posición estratégica y relevancia económica, predominando las construcciones circulares pero dejándose sentir la influenza romana con la presencia de otras de planta rectangular y en las murallas defensivas. El castro fue declarado Monumento Histórico-Artístico en el año 1931 y es también Bien de Interés Cultural.

En el alto del monte el paisaje emociona con 360 grados de vistas panorámicas: al norte A Guarda y la sierra de A Groba, al este O Baixo Miño, al sur Portugal y al oeste el Atlántico, inmenso.

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Monasterio de Oia

El monasterio de Santa María de Oia es un viejo cenobio de origen incierto. Podría ser una fundación antigua por parte de San Martiño de Dumio, evangelizador cristiano y obispo de Braga que es considerado el apóstol de los suevos en el siglo VI.

Monasterio benedictino, en el siglo XII pasa a manos de la orden del Císter. Comunidad asentada en tierra alejada y poco desarrollada, la actividad del monasterio fue cambiando el paisaje y la economía del entorno con la introducción de cultivos y especies ganaderas (la vid y los caballos en O Baixo Miño son atribuidos a ellos).

Desde el punto de vista arquitectónico la iglesia medieval destaca sobre el resto del conjunto. En un emplazamiento único, perfectamente integrado en el paisaje costero de Oia, la fachada mira al mar en un caso singular entre los monasterios del Císter. Los restos de un viejo muelle confirman la vocación marítima y pesquera de los monjes.

Declarado Monumento Nacional (Bien de Interés Cultural, en la actualidad) en el año 1931, espera por una necesaria intervención que le restituya toda su belleza.

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