Las camelias del bosque...

«Y velaron sus matices junto al bosque justo antes de la llegada del invierno». En 1968 un inglés que tenía los «dedos» verdes se instaló en la Galicia rural decidido a aplicar tan insólita cualidad al jardín de ASaleta.

Enteradas las camelias que allí había, respondieron al toque mágico de aquellos dedos con una explosión de color sin precedentes. Algunas incluso se atrevieron a exhalar algo de esencia, discreta eso sí, que la levedad está en el mismo ser de las camelias.

En esas condiciones, las camelias que el inglés se trajo luego de la suya y de otras tierras se adaptaron enseguida al ambiente rural de A Saleta. Y en lo que antaño fueran viñas surgieron murallones de flor dispersos aquí y allá como isletas de color por la pradera. Y velaron sus matices junto al bosque justo antes de la llegada del invierno.

Las camelias merecieron además la aprobación de los gallos del entorno, que aún les cantan su admiración con un entusiasmo y una regularidad digna de encomio. Y es que pese a su capilla, su palomar y su ciprés, A Saleta fue siempre una casa de labranza más que un pazo. Y eso desde el siglo XVIII.

Desde entonces, más de 200 variedades tomaron posesión de la glorieta, de los corredores recogidos y del elegante descuido, muy inglés por otra parte, que reina en A Saleta.

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