Os Peares es el punto preciso donde se juntan los dos grandes ríos del
noroeste. Según el dicho popular, el Sil lleva el agua y el Miño, la fama. Aguas
arriba, los dos por separado, formaron profundos cañones que en el caso del
Sil alcanzan el punto máximo en los 500 metros de profundidad. La carretera
de servicio a las presas hidroeléctricas que parte de Os Peares nos introduce
en este paisaje con una sorprendente sensación de aventura.
Una de las formas más espectaculares de conocer la Ribeira Sacra es por el
agua. Los dos cursos fluviales son navegables en catamarán. El Sil desde los
embarcaderos ourensanos de Santo Estevo (Nogueira de Ramuín) y Abeleda
(Castro Caldelas). El Miño desde la localidad luguesa de Belesar (O Saviñao).
Los itinerarios turísticos tienen su recorrido por el corazón mismo del paisaje.
Los monasterios más apegados al fluir del Sil son los de Santo Estevo de Ribas
de Sil y el de Santa Cristina. Al primero, convertido en establecimiento
hostelero, se accede desde la localidad de Luíntra (Nogueira de Ramuín) o, si
queremos alargar el camino, por el monasterio de San Pedro de Rocas (desvío
en la OU-536 en Tarreirigo, Esgos). El Centro de Interpretación del cenobio de
Rocas, considerado el primero de Galicia, le da un valor añadido a la visita. Al
de Santa Cristina, desde Parada de Sil por una carretera de ida y vuelta. La bajada hasta este monasterio se realiza entre
la espesura de árboles centenarios. También desde Parada de Sil, una breve pista de tierra conduce hasta el denominado
Balcón de Madrid. Se trata de un mirador de vértigo sobre el abismo, y en la otra orilla del río veremos el santuario de
Cadeiras (Sober) y la llanura de Monforte como horizonte. No faltarán en el camino otros miradores, como el andamiaje
entre Vilouxe y Caxide donde el cañón alcanza su máxima altitud.