Galicia es tan hija de la piedra como del mar. Marina pero también granítica, ésta es tierra de canteros.

Pero no solo de catedrales y grandes monasterios, aquí todas las obras de los hombres, hasta las pequeñas, se hacen en piedra. Como los hórreos que encontrarás a cada paso, un elemento típico del mundo rural y que tal vez por su sencillez y falta de presunción acaba por resultar tan bello. O como los miles de cruceiros que bendicen toda la geografía gallega y en los que siempre merece la pena detenerse un momento, a admirar con calma la sensibilidad y artesanía de las manos que los hicieron. Y, claro está, los grandes pazos, sobrios y elegantes como señores feudales con sus recios muros de piedra entre jardines, orgullosos como un blasón.

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