La Terra Cha es especial por muchas razones: por su particular orografía y paisaje que le dan nombre, por ser el lugar donde nace el río más importante de Galicia, el Miño, así como por otras manifestaciones de la vida humana que se fueron asentando con el tiempo.

En esta comarca, encontramos tradiciones y gastronomía ligada a los frutos de estas tierras y de estas aguas. Y hablando de aguas, este itinerario no concluye aquí, sino que se acerca desde el interior hasta la costa de Lugo, un final perfecto para este recorrido.

“Quien dijo claro río Miño
Que naces en Fonmiñá,
Sí cuando llegas allá
Ya vas hecho un chaval”
“río Miño, río Miño,
pasa despacio
no me despiertes
mi niño”.
Cantiga popular

“En Gaioso, mirando a Chá
Hay dos peñas erguidas.
Parecen ser de verdad
Redondeces tan bien hechas”.
Manuel María, A Terra Chá

Otros datos de interés...
- Museo-Fortaleza de San Paio de Narla: 982 375 156. Los lunes permanece cerrado.

Día 1º

Aprovechando que nuestro viaje parte de la capital de la provincia, reservaremos el comienzo de la jornada para acercarnos a la Muralla de Lugo, declarada en el año 2000 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y recuerdo permanente que dejaron los fundadores de la ciudad.

Caminar por esta obra romana os transportará a otros tiempos, pero sin duda la gente paseando, hablando o haciendo deporte hace que os deis cuenta de que la muralla está más viva que nunca, pues parece una calle más de esta pequeña ciudad encantadora. Si os coincide llegar aquí en el solsticio de verano o a principios de octubre, podréis mezclaros con el bullicio de los miles de visitantes que acuden al Arde Lucus, una celebración en la que se evoca el pasado romano de la ciudad, y las fiestas patronales del San Froilán, respectivamente.

Puede haber recursos que no están georreferenciados y, por lo tanto, no los estás visualizando.

En Lugo, encontraréis también el Miño, el más importante de los ríos gallegos. Más adelante visitaremos el lugar de su nacimiento, pero antes descubriremos otros tesoros a las afueras de la capital provincial, allí donde comienza la Terra Cha. Vamos primero al ayuntamiento de Guntín para visitar el monasterio de Ferreira de Pallares. Con el fresco sonido del río Ferreira como acompañante, caminad sin demasiado esfuerzo hasta el llamado Puente Cabalar. Desde aquí, acercaos al cenobio para apreciar el valor de este recinto fundado en el año 909 por los condes don Ero y doña Laura. Visitad el claustro y el mausoleo de los Taboada y, en el exterior del templo, bebed del agua que cae en un sepulcro antropomorfo convertido por casualidad en pila bendita. Quién sabe, hasta puede tener propiedades mágicas…

También muy cerca de Lugo capital, a solo 14 kilómetros, descubrimos ahora otra curiosidad que nos deja la arquitectura del pasado: la iglesia de Santalla de Bóveda. Este templo cristianizado data de la época romana y, justo en el centro de su planta rectangular, tiene una pequeña piscina. Esta estructura, única en el occidente europeo, provocó diversas interpretaciones de su origen: lugar de baños, ninfeo o conjunto monumental levantado de acuerdo con el rito romano de honrar a Cibeles, venerada en la capital del Imperio como la gran madre de los dioses.

Ponemos ahora rumbo al norte y, si el tiempo acompaña, contemplad la belleza exterior de la iglesia románica de Bacurín, de la segunda mitad del siglo XII, para después encaminaros hacia el Museo-fortaleza de Friol. Ya se sabe que por muchas veces que se pase por un sitio, nuestros ojos siempre lo pueden ver de manera diferente y descubrir nuevos secretos. Esta inmensa capacidad de asombrarnos la podéis poner en práctica cuando estéis dentro de este castillo del s. XIV, reconstruido en su mayor parte un siglo después y convertido en museo. Del s. XVI son la mayoría de los aperos de labranza, armaduras, carrozas de caballos e instrumentos de cocina. Casi os cansaréis de contar las armas que tienen expuestas y podréis imaginar la penuria y la angustia de los prisioneros a los que echaban por la pequeña entrada del foso. Recorred sin recato los cuartos, como si estuvieseis en una casa amiga, los salones, la cocina con horno de granito y la lareira (chimenea) y para terminar, subid exhaustos a la torre para deleitaros con las vistas del entorno.

El agua hizo de la Terra Cha una zona muy productiva y, desde antiguo, las comunidades se asentaron en estos valles más fértiles. Para darles gracias a la diosa Tierra y a el dios Sol seguro que se acercaron los antepasados a las Penas de Rodas, en el ayuntamiento de Outeiro de Rei. Estas dos grandes rocas de granito fueron un lugar de culto prehistórico y, tal vez, también estación astronómica para configurar un calendario agropecuario en estas fértiles tierras del Miño. Llegaréis a las penas después de recorrer los primeros kilómetros de una ruta de senderismo homologada. Si aún conserváis fuerzas, podéis continuar hasta el Mirador de la Terra Cha desde donde divisaréis unas impresionantes vistas.

Ya que estáis en Outeiro de Rei, probad sus deliciosas anguilas fritas y aprovechad para ir hasta Bonxe y llevar con vosotros un recuerdo de una de las cerámicas más importantes de Galicia junto con Buño (A Coruña), Gundivós y Niñodaguia (Ourense). Otra artesanía característica de esta comarca son las zuecas hechas con madera de abedul y, en lo que se refiere a la comida, uno de los alimentos básicos de la dieta gallega, la patata. El verano será un buen momento para ver los inmensos campos de cultivo.

Día 2º

Comenzamos esta segunda jornada de camino yendo un poco más hacia el norte de la provincia. En el municipio de Castro de Rei nos encontraremos de nuevo con el pasado. Con el pasar de los milenios, los habitantes de estas tierras dejaron de ser nómadas y se asentaron en poblados castreños, como el de Viladonga. Pasad al interior del museo y coged las claves para comprender la vida que alguna vez hubo en estas ruinas de viviendas y de calles.

Muy cerca de aquí, avanzamos en la línea del tiempo por esta parte de Lugo, visitando el monasterio de Santa María de Meira El recinto, con su presencia sobria y austera, es testigo pétreo del asentamiento de la orden religiosa del Císter en España. El paisaje tranquilo y las tierras fértiles invitaron al asentamiento de esta comunidad en esta zona y seguro que también encontraron en el nacimiento del río Miño en el Pedregal de Irimia, en la Serra de Meira, otra ventaja para seguir su principal premisa Ora et labora. Del antiguo convento, solo se conserva el tramo de una puerta que da al claustro de las procesiones, parte del claustro renacentista, y a la iglesia. Fijaos en los herrajes románicos de la puerta de la fachada, del s. XII. Es una de las pocas de su estilo que se puede ver en la actualidad en toda España. Y giraos para ver la curiosa espadaña de tres campanas en lo alto del muro.

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Dando de nuevo un salto en el tiempo y en el espacio, la evolución de la sociedad también se aprecia en las obras de ingeniería civil. El aumento de la población hizo que se mejoraran las formas de molienda. Los molinos de mano, que constan de dos piedras de acción manual, dan paso a los molinos hidráulicos. Un ejemplo lo encontraréis en la ruta de molinos de Castroverde. La visita al enclave es una buena opción para disfrutar del paisaje de media montaña en toda su belleza y quizás, ver algún corzo esquivo... Dividid el camino en dos tramos para explorar mejor el lugar. Justo en el comienzo del segundo está el Molino de Lamela, uno de los pocos de Galicia con noria exterior.

Siguiendo el agua y sus múltiples formas de aparecer en la naturaleza, nuestra siguiente parada es la laguna de Cospeito donde contemplaréis su variada riqueza natural. Aprovechad para descansar, descubrir alguna de las muchas especies de pájaros que aquí anidan y algún que otro animal escondido en este sorprendente hábitat. Buscad un rincón, descalzaos y sentid como la libertad y la frescura os suben por los pies libres, mientras os recreáis en la imagen de la braña y la mente comienza a asociar ideas… ¿Será cierto que debajo de estas aguas hay una aldea sumergida?

Día 3º

En esta tercera y última jornada de viaje, seguiremos el agua hasta una de las antiguas capitales de provincia lucense, Mondoñedo.

El sonido característico de las moliendas ya no acompaña el curso del río Valiñares a su paso por el barrio dos Muíños (barrio de los Molinos), pero aprovechad para recorrer los caminos que comunican las casas pegadas a la corriente y el armazón de puentes y corredores que hacen que entre los mindonienses se conozca esta zona como la "Venecia".

Ya que estáis en Mondoñedo, aprovechad para dar un paseo por su encantador centro antiguo y llevar con vosotros un delicioso recuerdo: la famosa tarta de Mondoñedo, con base de hojaldre, bizcocho, almendra, frutas escarchadas y cabello de ángel.

Puede haber recursos que no están georreferenciados y, por lo tanto, no los estás visualizando.

Otro templo religioso, el monasterio de San Salvador,, será lo que motive nuestra visita al fértil valle de Lourenzá, famoso por sus habas, que tienen su correspondiente fiesta el primer domingo de octubre. En el cenobio está guardado el sepulcro de su fundador, el conde Osorio Gutiérrez, más conocido como Conde Santo. Cuenta la leyenda que metiendo un dedo por el agujero de la parte baja de la urna, aquel que consiga tocar los huesos, verá cumplido un deseo. En el día de la fiesta grande, el último sábado de agosto, es larga la fila de gente con el deseo de comprobar la veracidad de la historia a pesar de la incertidumbre de saber qué hay dentro del hueco. Y vosotros, ¿os atrevéis?

Vamos terminando el camino ya en el territorio de la Mariña, en concreto en el municipio de Foz. Visitad primero la basílica de San Martiño de Mondoñedo. Con vestigios del s. VI y estructura definitiva de finales del s. XII, está considerada la catedral más antigua de España. Dad una vuelta por el entorno y tocad los impresionantes contrafuertes que sujetan impasibles los muros y mojad las manos con devoción en la fuente de la Zapata. Según la leyenda, el obispo San Gonzalo tiró una zapatilla justo donde ahora está el manantial y de allí brotó agua con poder milagroso.

Nuestros pasos concluirán justo al pie del mar, en el municipio de Foz, para contemplar extrañados y asombrados el castro de Fazouro. Este es el único asentamiento primitivo excavado y conservado como museo en la costa cantábrica gallega. Pasad sobre el puente del río Ouro para llegar a la península de Punta do Castro. La acción erosiva del mar fue labrando parte del recinto, pero con la experiencia recogida en Viladonga, podréis descubrir elementos similares que os ayuden a interpretar la visita.

Si el tiempo, la hora y vuestros propios deseos os lo permiten, un baño salado en la playa de Arealonga os refrescará. Será también la excusa perfecta para acostaros tranquilos para unir y recordar todos los secretos descubiertos en estos tres intensos días.

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