La Mariña lucense es una fuente inagotable de maravillas naturales que cohabitan con un espectacular patrimonio histórico.

Este tramo de la costa gallega, bañado por las aguas del mar Cantábrico, esconde entre las caprichosas formas de sus acantilados leyendas mágicas sobre sirenas y marineros.

 

La playa de O Castros invita a tumbarse en sus rocas completamente lisas para, acunados por el son rítmico de las olas del mar, disfrutar de un baño de sol o de una placentera siesta.
 
La subida al faro Roncadoira es la parte más dura de la ruta; las gaviotas parecen perder el equilibrio mientras las olas rompen con fuerza contra los acantilados.

Día 1º

Comenzamos nuestra andadura en la villa de Ribadeo, ubicada en la desembocadura del río Eo, frontera natural con Asturias y en plena Mariña lucense. El esplendoroso pasado de la villa se constata dando un paseo por el encantador centro histórico,  repleto de hermosas construcciones indianas. Al llegar al puerto, podremos hacer una pequeña caminata al borde de un agreste acantilado. En plena ruta deteneos a disfrutar de la Rasa cantábrica en el mirador de Santa Cruz, a casi 200 metros sobre el nivel del mar. Desde allí también descubrimos la isla Pancha y dos pintorescos faros en blanco y azul. El más bajo y de planta cuadrada es de finales del siglo XIX y el otro, más moderno, es de 1987.

Debido a la orografía de la costa cantábrica, nos hallamos en una zona ideal para los amantes del senderismo. Armaos con un calzado cómodo porque las rutas a pie al borde de estos acantilados son la mejor manera de disfrutar de esta costa.

Puede haber recursos que no están georreferenciados y, por lo tanto, no los estás visualizando.

Continuando hacia el oeste, nos encontraremos con la villa de pescadores de Rinlo, muy famosa por su gastronomía. Aunque su plato estrella es el arroz con bogavante, nada le tienen que envidiar las tapas de pulpo, las empanadas u otros manjares que incluyen en sus menús.

Si queremos bajar la comida, podemos continuar a pie hasta la playa de Os Castros y llegar hasta la orilla del mar pasando por su original acceso a través de un túnel natural. Este arenal invita a acostarse en sus rocas completamente lisas donde, acunados por el son rítmico de las olas del mar, podremos disfrutar de un baño de sol o de una placentera siesta.

Con las fuerzas renovadas, ponemos rumbo de nuevo hacia una de las playas más famosas de todo el Norte: la playa de Augas Santas, internacionalmente conocida como la playa de As Catedrais. Su nombre se debe a las características formaciones rocosas en forma de arco, alguno de ellos ya fracturado por la intensa acción del mar. Pero además de su belleza, esta playa esconde numerosas cavernas donde el mar bate con fuerza buscando un hueco cada vez mayor, por lo que se recomienda extremar las precauciones durante el paseo. La visita con marea alta a la playa de As Catedrais puede hacerse desde lo alto del acantilado, guardando la debida distancia de seguridad. Y si os coincide llegar aquí con la bajamar, descended por la escalinata hasta la fina arena para encontraros con la magnitud de estas impresionantes arcadas. Si queréis conocer el estado del mar y el horario de las mareas antes de visitar As Catedrais, en la página web de Meteogalicia ofrecen esta información.

Si las horas de luz lo permiten, podemos seguir un poco más por la línea de la costa, donde encontraremos grandes arenales más urbanizados, pero no por ello con menos encanto. Un buen momento para hacer un alto será cuando lleguemos a la playa de Peizás, más solitaria que otras del entorno. Para concluir la jornada, nada mejor que sentarnos a ver caer el sol en el castro de Fazouro, un enclave al pie del acantilado. Aquí el viento sopla con fuerza y esta intensidad invita a cobijarse entre los huecos de las paredes para sentir su calor después de toda una jornada expuestos al sol.

Día 2º

El segundo día de este itinerario continúa por la costa en dirección a la  fábrica de cerámica de Sargadelos, a medio camino entre el pueblo marinero de Burela y la localidad de Cervo. Asentada en un cuidado núcleo rural, descubriréis de inmediato la sede de esta característica loza, decorada y acabada a mano, por la forma circular del edificio de 1970. El proceso de elaboración de esta cerámica, que surgió de una iniciativa ilustrada de los primeros años del siglo XIX, es muy interesante. Animaos a llegar en horario de visita para acceder a la planta de producción y después dar una vuelta por la exposición y la tienda.

En la galería encontraréis las primeras porcelanas de Sargadelos y una amplia muestra de la cerámica popular española y extranjera. Las piezas más actuales son también auténticas joyas cerámicas con las que sorprender a alguien con un regalo típico de Galicia. La otra factoría de Sargadelos está situada en O Castro, en el ayuntamiento coruñés de Sada.

Puede haber recursos que no están georreferenciados y, por lo tanto, no los estás visualizando.

Igual de llamativa es una de las leyendas de la zona, que cuenta cómo delante del cabo de San Cibrao, en el ayuntamiento de O Cervo, existen unos islotes conocidos como “Os Farallóns”. Se dice que allí vive una sirena llamada “A Maruxaina” que, en los días de mal tiempo, sale de los islotes para llamar a los marineros. Algunos opinan que para ayudarlos en caso de peligro, pero también están los que afirman que su intención es engañarlos para que naufraguen. En referencia a esta leyenda, se recuperó hace años una vieja tradición: algunos vecinos confeccionan una sirena de largos cabellos rubios con una rueca. El segundo sábado del mes de agosto, cuando cae la noche, la llevan desde Os Farallóns hasta la playa de San Cibrao. Allí es sometida a un juicio popular, en el que queda absuelta. Al finalizar, vuelve a las islas, en las que permanece oculta el resto del año.

Continuando con nuestra ruta, llegamos a la localidad de Xove, donde nos desviaremos hacia el norte rumbo al imponente faro de Punta Roncadoira. Su acceso, bien señalizado entre pequeñas aldeas pintorescas y verdes prados, va cambiando a medida que ascendemos por la carretera, haciéndose cada vez más costoso debido a los grandes eucaliptos retorcidos por la fuerza del viento, a las enormes rocas que nos dan sombra y sobre todo, al frío. Recordad ir preparados para el nordeste, que por estas tierras sopla con fuerza. Al borde del acantilado sentiréis el rugir del mar mientras bate con toda intensidad contra las rocas. Es la parte más dura de la ruta. Las gaviotas parecen perder el equilibrio, las olas rompen con fuerza... pero el impecable faro de Roncadoira nos deja enamorados del lugar. El foco, muy estilizado, de un blanco impoluto, bien cuidado y con un acceso muy cómodo, nos permite echar un vistazo a la costa cantábrica, con sus pequeñas islas habitadas únicamente por gaviotas y otras aves marinas.

Con esa sensación de paz salvaje descendemos de Roncadoira en dirección a Viveiro para detenernos en la playa de Esteiro, todavía en el ayuntamiento de Xove. Nos ofrecerá una imagen más amable, con zona de recreo ideal para hacer un picnic o dar un paseo en cualquier época del año. Una pasarela de madera nos adentra en la playa, ya más resguardada, a la entrada de la ría de Viveiro.

Siguiendo en esa misma dirección, ascendemos al Monte Faro. Solo por las vistas merece la pena y, ya que estáis aquí, incluso podéis dar un paseo hasta el faro, que encontraréis escondido tras los eucaliptos. Si sois rápidos, aun tendréis tiempo para conocer la villa de Viveiro y disfrutar de una buena mesa. Una merluza fresca del pincho de la lonja de Celeiro sería un excelente broche final para esta ruta marítima por la costa cantábrica de Lugo.

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