Hayáis hecho el Camino o no, nuestro viaje llega ahora a la capital de Galicia, Santiago de Compostela, destino de peregrinación de la cristiandad desde el siglo IX.

Desde las aguas del mar Báltico y del mar del Norte, miles de peregrinos caminaron hasta el santuario gallego y portaron la concha de vieira a lo largo de todos los caminos de Santiago, verdaderos caminos de fe. A todo ello hay que sumarle que, tanto durante el período románico como durante el barroco, el santuario de Santiago de Compostela ejerció una influencia decisiva sobre el desarrollo de la arquitectura, no solo en Galicia sino también en el norte de la Península Ibérica.

Antes de entrar en la catedral, lo ideal es recorrer despacio las diversas calles de la zona vieja, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO conocida popularmente como “la almendra”. La rúa do Franco, con sus típicos restaurantes, o la rúa do Vilar, con sus soportales, conducirán hasta su umbral. Una vez allí, acercaos hasta la Praza do Obradoiro y mirad a vuestro alrededor: el pazo de Raxoi, sede da Casa del Ayuntamiento; el Hostal dos Reis Católicos, actualmente Parador Nacional de Turismo; el Colexio de San Xerome, sede del rectorado de la Universidad y la Catedral forman un marco excepcional que hará que os sintáis pequeños ante semejante conjunto monumental. El sonido de fondo de la gaita enriquecerá, si cabe, vuestra experiencia, pues un gaitero suele tocar bajo el arco del Pazo de Xelmírez, que, ya sabéis, ¡afinad el oído!.

Puede haber recursos que no están georreferenciados y, por lo tanto, no los estás visualizando.

Acceded a la catedral por el magnífico Pórtico da Gloria, obra del Maestro Mateo, donde su efigie (conocida como santo dos croques) y la cómplice “sonrisa de Daniel” os darán la bienvenida. Recorred el interior de este templo —con recogimiento, despacio, siendo conscientes de la magnitud de esta gran obra— para visitar la tumba del Apóstol. Visitad cada capilla y fijaos en los detalles de su impresionante altar mayor. Podéis aprovechar para oír misa y, con un poco de suerte, veréis el botafumeiro un incensario de grandes dimensiones que conforma un rito único de esta ciudad. Sin ninguna duda, vosotros también sentiréis el recogimiento y la emoción de los peregrinos, una sensación de llegar a la meta, de deseos cumplidos…

No dejéis de visitar las distintas plazas que rodean la catedral, como la de A Inmaculada o A Acibechería, la de A Quintana y la de Praterías, que está coronada por la única fachada románica que permanece en el templo. Por supuesto, los nombres de estas plazas proceden de los antiguos gremios medievales, algo que aún se conserva, ya que podéis encontrar distintos establecimientos en los que comprar plata o azabache, un recuerdo perfecto de esta ciudad.

Tras este mágico recorrido, no podéis dejar Santiago sin hacer boca en alguno de sus típicos restaurantes de la rúa do Franco. cada uno de ellos tiene su propio expositor en el que se colocan los mejores manjares de las rías y tierras gallegas: percebes, pulpo, centolla, lubina, ternera gallega e un largo etcétera. Todo esto, por suposto, acompañado de nuestros mejores vinos. Como postre, la torta de Santiago, hecha con almendra, es la mejor opción para endulzar la boca.

Para concluir la visita a Santiago , nada mejor que acercarse hasta la Alameda y su paseo de A Ferradura, desde donde tendréis una magnífica panorámica de la catedral. Con seguridad, la mejor despedida de este viaje por la capital de Galicia.

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