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Plantilla: miradoiros

VALLES, RÍOS Y MONTAÑAS

De A Pobra de Trives a As Ermidas... herencia romana en las tierras del Bibei
Ládranlle os cás de palleiro
as néboas de medía noite
que, coma lobos famentos,
faíscan nivand'o monte...
Noite de inverno, Manuel Luís Acuña (poeta de Trives)

El río Bibei fluye por la provincia de Ourense hasta empatar con el río Sil. En las vueltas de su recorrido cruza las Terras de Trives, entre rocosas paredes en las que crecen viñas históricas. Partiendo de A Pobra de Trives, se desciende hasta A Ponte Bibei, exponente máximo de la herencia romana en la zona y que aún a día de hoy facilita el paso a Larouco y Valdeorras buscando el sorprendente destino final: el santuario de As Ermidas, elevado en las rocas.

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A Pobra de Trives
Entroido

El encajado valle del río Bibei define este itinerario dividiendo en dos el recorrido y articulando un territorio montañoso pero de fuertes contrastes climáticos.

A Pobra de Trives es el punto de origen del recorrido y también el principal pueblo de la comarca. El núcleo antiguo, que conserva viejas y estrechas calles, fue paso de la Vía XVIII romana o Vía Nueva que unía Bracara Augusta (Braga) y Asturica Augusta (Astorga). La emblemática Torre do Reloxo en la plaza del mismo nombre puede servir de punto de partida, no sin antes degustar la deliciosa bica de Trives, bizcocho de sobremesa de obligado disfrute en estas tierras.

De A Pobra de Trives al valle del río Bibei
Paisaxe

La vieja carretera que une Ourense con Ponferrada deja la localidad y transcurre entre densos sotos que nos recuerdan la relevancia de la castaña en estas tierras. La continua bajada se abre al valle del Bibei y la frondosidad de la vegetación deja paso a los bancales que ocupan la vertiente hacia el río. La orientación a la solana y la protección en el encaje del valle permiten la existencia de un microclima que resulta idóneo para el cultivo de las vides de variedades Godello y Mencía.

La carretera va salvando el desnivel, vuelta tras vuelta, hasta llegar al lado del río. En la parte más profunda del cañón del Bibei, y a poco más de 300 metros de altitud, se encuentra el puente romano del Bibei, flanqueado por diversos miliarios encontrados en la zona.

Del valle del río Bibei al santuario das Ermidas

Desde este punto toca remontar todo lo bajado anteriormente, en un continuo subir por el alto de A Ermida hasta alcanzar Larouco, siempre acompañados a lo lejos de Cabeza de Manzaneda.

La parte final del recorrido, ya en el municipio de O Bolo es una hermosa bajada hacia As Ermidas, buscando el reencuentro con el río Bibei. Las condiciones climáticas excepcionales, de tendencia mediterránea, permiten la presencia de vides y olivos e incluso de ejemplares de alcornoques y madroños.

Santuario de Nosa Señora das Ermidas

El santuario de Nosa Señora das Ermidas se localiza al final del núcleo, incrustado literalmente en los bolos graníticos que bordean la parte superior de la aldea. Edificado en el siglo XVII por mandato del obispo de Astorga (Diócesis a la que pertenece) fue declarado Bien de Interés Cultural en 2006. La fachada, datada entre 1713 y 1726, es uno de los grandes exponentes del barroco gallego.

La posición de As Ermidas, entre los afloramientos rocosos y el inicio del cañón del Bibei, le otorga un marco paisajístico inmejorable y cambiante según la estación del año en la que se visite.

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El puente romano del Bibei

El cañón del río Bibei esconde una joya arquitectónica, Puente Bibei, majestuosa obra granítica de tres arcos, 75 metros de longitud y elevada más de 20 metros sobre las aguas del río. El puente, de la época del emperador Trajano, fue punto clave de la Via Nova o Vía XVIII del Itinerario Antonino. Construida, aproximadamente, entre los años 114-119 d. C., sigue en pleno funcionamiento, siendo el único puente de su época (junto con el de O Freixo sobre el río Arnoia) que conserva prácticamente intacta su estructura original, pese a las diversas remodelaciones.

Los condicionantes técnicos van desde la propia elección del punto en el que se debe superar el lecho del río hasta la propia geometría de la construcción. El trazado de la propia Via Nova está condicionado en este trecho por el puente, salvando el desnivel mediante una sucesión de curvas de herradura.

La perfecta integración de la obra en su entorno es la mejor muestra del buen hacer de los ingenieros romanos en la búsqueda de la eficiencia en la intervención: los casi 2000 años de antigüedad ejemplifican la calidad de la obra.

Fue declarado Monumento Histórico-Artístico en 1931 y, a su lado, se conservan un miliario romano de la época de Vespasiano (79-81 d. C.) y una columna de Trajano en referencia a la obra del propio puente.

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