En esta experiencia comprobaremos los beneficios de la talasoterapia, comeremos al lado del mar y conoceremos un poblado galaico-romano de la Edad de Hierro.

Os proponemos explorar el arte de hacer vino en el valle de O Rosal. Los viñedos se insertan en parajes de gran belleza, en una naturaleza favorecida por la suavidad del clima y la influencia marítima y fluvial. También es aquí donde el Atlántico recibe al río Miño y donde éste nos une al vecino Portugal.

Su carácter fronterizo le da un aire misterioso con paisajes que esconden poblados prehistóricos, como el monte de Santa Tegra. En esta propuesta os invitamos a conocer algunas de las bodegas más emblemáticas de O Rosal, pero no dejéis de considerar las muchas posibilidades que ofrece esta subzona y visitar las instalaciones de otras marcas vitivinícolas de la Denominación de Origen Rías Baixas.

Más información...
- Bodegas Terras Gauda. www.terrasgauda.com
- Bodega Quinta Couselo. www.quintacouselo.com
- Talaso Atlántico. www.talasoatlantico.com

Día 1º

En Oia, del talaso al monasterio

Nuestro punto de destino es Oia, ayuntamiento de la comarca del Baixo Miño, donde se ubica el valle de O Rosal. Llegamos desde la PO-552 por la costa. Su oferta hotelera incluye un hotel talaso, donde podemos alojarnos si nos apetece maridar vino y mar, una fórmula ya ensayada con éxito en estas tierras.

Puede haber recursos que no están georreferenciados y, por lo tanto, no los estás visualizando.

Os recomendamos llegar al hotel a primera hora de la tarde para aprovechar las propiedades mineromedicinales del agua de mar en los espacios termolúdicos del talaso. También podéis organizar una excursión, una visita tranquila por el entorno o realizar una actividad lúdica. Una buena opción es acercarse al monasterio de Santa María de Oia, a unos minutos en coche desde el hotel. De paso que admiramos su monumentalidad y situación, a la orilla del mar, hallamos el lugar donde comenzó la historia del vino de O Rosal. A los monjes cistercienses que lo habitaron desde el siglo XII se les atribuye el mérito del buen arte de cultivar la vid en estas tierras.

La ruta de los petroglifos de A Pedreira

Tras su visita os sugerimos una excursión siguiendo la ruta de los petroglifos de A Pedreira, en el mirador de A Riña, desde el que observamos una panorámica excelente sobre la ensenada y el monasterio de Oia. El sendero está señalizado para poder seguir e identificar este conjunto de enigmáticos petroglifos prehistóricos a base de líneas y cazoletas fácilmente visibles.

De cena, productos del mar, setas o cordero

De regreso a Oia podemos cenar en el hotel u optar por la oferta gastronómica de los bares y restaurantes de los alrededores. En sus cartas destaca el percebe, el pulpo, la nécora y el erizo de mar. También incluyen recetas con setas de la montaña, cuando es la temporada, y algas de distintas clases. Además, gozan de fama merecida en la zona los quesos y chorizos de Torroña o el cordero de Santa Comba.

Día 2º

Visitamos varias bodegas, comemos al lado del mar y caminamos por el Monte Santa Tegra

Os proponemos dedicar la mañana a recorrer los parajes privilegiados del valle de O Rosal para descubrir el arte de hacer vinos con ayuda de dos bodegas significativas en la zona, asentadas donde el Miño se une con el Atlántico. Seguimos la misma carretera costera PO-552 hasta la localidad de A Guarda y luego dirección Tui.

Puede haber recursos que no están georreferenciados y, por lo tanto, no los estás visualizando.

Las bodegas Terras Gauda

En media hora alcanzamos O Rosal, donde se ubican las bodegas Terras Gauda. Vemos una orografía suave, levantada entre 50 y 150 metros sobre el nivel del mar y ondulada por pequeñas colinas. En este entorno se encuentra la bodega, flanqueada por bosques de pino y eucalipto y por su amplia extensión de viñedos. Son los mismos que recorreremos en la visita.

La bodega se asienta muy cerca de la desembocadura del río Miño por tierras de A Guarda. Por su ubicación en el valle, goza de un microclima excepcional, caracterizado por temperaturas suaves, heladas muy escasas y abundantes precipitaciones. Este mimo orográfico y climático y el trabajo de sus profesionales dan como resultado unos caldos que han llegado a las mesas de los mejores hoteles del mundo. Nos explicarán cómo funciona su apuesta por hacer convivir la nobleza del albariño con otras variedades de la zona, como la loureiro o la delicada caíño blanco. La visita concluye con una degustación en su tienda.

La bodega Quinta Couselo

Tras despedirnos, seguimos por la PO-552 y luego nos incorporamos a una red de carreteras provinciales para llegar a la bodega Quinta Couselo, que toma el nombre del lugar donde se asienta. Nuestra visita discurre por una antigua heredad que estuvo en manos de la Orden del Císter en el siglo XII. Aquí se levantan los emparrados de vid en una pequeña extensión. La bodega se instala en un pazo rústico de más de 200 años, típico de la arquitectura rural gallega. Hórreo, rueda de carro y apero de labranza conviven en el jardín.

Una de las estancias de la bodega se dedica a destilar los bagazos de albariño, loureiro y caíño. Estos nuevos orujos gallegos son parte del milenario arte de los augardenteiros, transmitido de padres a hijos. Su elaboración se inspira en la tradición artesanal de os poteiros de O Rosal. Comprobamos cómo la bodega armoniza este acervo con la fecundidad de su tierra, destilando orujos y macerando en ellos productos tan exquisitos como los mirabeles.

Comemos en el puerto de A Guarda

Tras el recorrido pensamos dónde almorzar. Pescados y mariscos o carnes blancas maridan a la perfección con los vinos de esta tierra. Degustarlos en los restaurantes y taperías frente al puerto de A Guarda puede resultarnos una idea atractiva. Un manjar típico aquí, en temporada, es la lamprea, pescada en el estuario del Miño por ser zona de tránsito para la especie cuando remonta el río para desovar. Si os tienta el marisco sabed que la localidad es conocida como la “capital de la langosta”, con fiesta propia en julio; y también es dueña de un postre exquisito, la rosca de yema.

Para reposar la comida daremos un paseo por la zona portuaria de A Guarda, donde nos sorprenden las casas típicas de los marineros, estrechas, de varios pisos y gran colorido. En el dique sur, conocido como “dique dos mariñeiros”, es fácil entretenernos observando las faenas de los pescadores, las embarcaciones y los aparejos de pesca. No olvidemos que esta actividad está muy arraigada en A Guarda. Su flota es de las más importantes de España para la captura de pez espada.

Visita al Monte de Santa Tegra

En el Monte de Santa Trega se encuentra una de las muestras de cultura castreña más significativa y mejor conservada de Galicia. Se trata de un poblado galaico-romano originario de la Edad de Hierro, aunque vivió su apogeo en los siglos I antes y después de Cristo con la llegada de los romanos. En el ascenso al monte obtenemos impresionantes panorámicas de la localidad de A Guarda, del estuario del Miño y su desembocadura en el Atlántico, el valle de O Rosal, la sierra de A Groba y el vecino Portugal.

Para los más deportistas, la ruta de senderismo homologada PRG-122 conduce a la cima del monte. A cada paso descubrimos una vista diferente de la comarca, hasta llegar a los primeros muros del antiguo poblado. Caminaremos sobre sus calles empedradas, entre los restos de las viviendas, antiguos almacenes o talleres. Y aprovecharemos para hacernos una foto ante una de las casas reconstruidas, que nos dan una idea de cómo vivían sus habitantes.

Otra opción es subir en coche por la carretera de acceso al monte, hasta llegar al poblado, visitarlo con calma y luego continuar hasta la cima. A nuestra derecha observaremos un vía crucis y unas extraordinarias vistas sobre el océano.

Una visita al museo arqueológico nos permitirá conocer la espléndida colección de esvásticas encontradas en las excavaciones y el remate de los torques, motivo central de la exposición. De influencia romana encontramos estelas funerarias antropomorfas y una importante muestra de monedas. El museo cuenta con una tienda donde se pueden adquirir piezas de cerámica típica y artesanal. También hay varios restaurantes-cafetería donde tomar un tentempié. Al final de la visita ponemos rumbo al hotel en busca de la cena y el relax.

Día 3º

Tratamientos de belleza, relax y salud con agua marina en el talaso

Entre el desayuno y la despedida aún tendremos tiempo para disfrutar de un recorrido marino en las instalaciones del hotel-talaso. Podemos relajarnos en el jacuzzi, en las duchas de contraste, en los chorros de cascada o en las camas de hidromasaje. El efecto combinado de la hidroterapia y el agua marina a temperatura corporal será beneficioso para la salud. Si lo preferimos podemos optar por un tratamiento específico con masajes y productos a base de chocolate, algas o diferentes esencias florales; para relajarnos, embellecernos o mejorar nuestra salud.

Puede haber recursos que no están georreferenciados y, por lo tanto, no los estás visualizando.

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